El Destino de los Osos Polares: Entre la Resiliencia y la Amenaza Climática
El Futuro Incierto del Oso Polar ante el Calentamiento Global
El oso polar, una especie emblemática del Ártico, se enfrenta a una situación crítica que coincide con la conmemoración de su día internacional. La alarmante disminución del hielo marino en su entorno natural, unida a la escasez de alimentos, perfila un panorama sombrío para estos magníficos depredadores. Aunque se observan casos aislados de estabilidad poblacional, la tónica general es de un declive preocupante en diversas regiones.
Impacto Directo del Deshielo en la Supervivencia de la Especie
Numerosos estudios recientes, que abarcan los años 2024 y 2025, han documentado cómo la merma del hielo marino afecta directamente la habilidad de los osos polares para cazar focas, su principal fuente de energía. Un análisis exhaustivo en la bahía de Hudson occidental, basado en más de cuatro décadas de observaciones, revela una reducción poblacional de casi el 50% desde mediados de los noventa. Esta situación se atribuye fundamentalmente a la retracción del hielo y a las limitadas oportunidades de caza, confirmando que la disponibilidad energética es un factor crucial en el deterioro de esta especie.
La Amenaza de la Hambruna y los Límites de Adaptación
Una investigación de 2024 advirtió sobre la inminente extinción de la población de osos polares en el sur de la bahía de Hudson, a menos que se controle el aumento de la temperatura global. El número de días sin hielo ha pasado de 120 a más de 150. Si esta cifra supera los 183 días, el período máximo de ayuno que los adultos pueden soportar, la capacidad de supervivencia y reproducción de la especie se vería seriamente comprometida. Durante los meses de verano en tierra, se ha documentado que 19 de cada 20 osos monitoreados pierden aproximadamente un kilogramo de peso corporal diariamente. A pesar de su adaptabilidad, manifestada en estrategias como la inactividad para conservar energía o la búsqueda de alimento terrestre, estas medidas no compensan la falta de acceso a las focas, aumentando significativamente el riesgo de inanición, especialmente en ejemplares jóvenes y hembras con crías.
Nuevas Amenazas Sanitaras y la Perspectiva a Largo Plazo
Adicionalmente, en 2024, Alaska registró el primer deceso de un oso polar por gripe aviar (cepa H5N1), lo que introduce una nueva vulnerabilidad sanitaria para la especie en un contexto de propagación global de este virus. Expertos en 2025 alertaron que el hábitat del oso polar continúa encogiéndose a medida que el Ártico experimenta un calentamiento a un ritmo superior al resto del planeta. La persistente reducción del hielo no augura un futuro prometedor, y se estima que, a largo plazo, al menos un tercio de la población podría desaparecer en las próximas décadas si las tendencias climáticas actuales persisten. La falta de datos sobre más de la mitad de las 19 subpoblaciones reconocidas dificulta la implementación de estrategias de conservación efectivas.
Un Rayo de Esperanza: Resiliencia en Svalbard
A pesar del panorama desolador, no todas las poblaciones de osos polares comparten el mismo destino. En enero pasado, se reportó que los osos polares de Svalbard, en el mar de Barents, mantienen poblaciones estables y han mejorado su condición física, a pesar del aumento de días sin hielo. Los investigadores sugieren que la recuperación de especies de presa terrestres como el reno o la morsa, junto con posibles cambios en la concentración de focas, podría estar contribuyendo a esta notable resiliencia local. No obstante, advierten que futuras reducciones del hielo podrían eventualmente impactar negativamente también a esta población.